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Con ilusión y gran esperanza nos preparamos a recibir a Jesús en nuestras vidas. De eso se trata el Adviento. Tener ganas, inmensas ganas de que el Señor venga. Y prepararnos. Con los profetas ir descubriendo las señales de su venida. Con la Virgen hacerle “espacio” en nuestro tiempo, en nuestro corazón, en la familia, en la empresa… y recibirlo con fe, con sencillez y con alegría. De eso se trata la hermosa fiesta de Navidad.


Sólo los creyentes tenemos el privilegio de lograr eso. 

Es tan fácil perderse en aguinaldos y regalos, en decoraciones y fiestas mundanas. Ya ni siquiera se dice “¡Feliz Navidad!”, sino “felices fiestas”, porque Jesús ya no es el centro ni el motivo de la Navidad para muchos, sino el comercio, la bebida, las comilonas…. Incluso para muchos que van a Misa.


Los creyentes privilegiamos en este tiempo la Palabra de Dios. Queremos que se haga carne en nosotros. Decoramos nuestras casas y rezamos con el nacimiento y nos esforzamos en atender de modo especial a los niños, a los pobres y humildes pues en esas personas reconocemos al Señor. Y celebramos en parroquias y en familia ese día santo, con alegría y moderación, como a Jesús le gusta. En esa fiesta por su misericordia recibimos la gracia de que Jesús renazca más encarnado en nuestro modo de vivir!


¡Esa es nuestra fiesta y nuestra alegría! Así les deseo a todos en la Parroquia: ¡Feliz Navidad!